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DANIEL PEREDO Y LA JUSTICIA

05 de Junio de 2018

Como parte de la efervescencia premundialis­ta que vivimos, es habitual ver imágenes del camino que llevó a nuestra selección a Rusia. Desde los primeros partidos de las clasificatorias, en que parecía que quedábamos eliminados una vez más, hasta la hazaña lograda, finalmente, en el repechaje. En todos ellos, es común encontrar los relatos y los comentarios del desaparecido narrador y comentarista Daniel Peredo. La nostalgia, enton­ces, viene sin que la inviten. No solo por sus gritos de gol hasta perder la voz, sino –y, sobre todo– por sus comentarios ponderados y sensatos. Un perio­dista con mayúsculas. Comprometido con su oficio y su país. Ni en las horas más aciagas de nuestro balompié salió de sus labios un ataque personal, un comentario incendiario, un pronóstico pernicioso ni una interpretación tendenciosa. Siempre tuvo fe en el fútbol peruano. Entendió que pertenecía al mundo deportivo y que no podía contaminar el aire que res­piraba. No hizo daño a nadie. Cumplió con la primera regla de la vida.

Empero, la falta de Daniel Peredo no solo se siente en el ámbito futbolístico. Cuánto bien le habría hecho al país que su ejercicio periodístico se hubiera dado en el judicial. Con la misma pasión con que canta los go­les habría anunciado los aciertos y las buenas nuevas en el sector justicia. Con su análisis objetivo y severo hubiera abordado la problemática de la corrupción y la ineficiencia. Con equilibrio habría planteado pro­puestas y acciones. Su prodigiosa memoria habría recordado cada antecedente y cada norma. Así, sus aportes tendrían respaldo fáctico y jurídico. Con el crédito que tenían sus intervenciones, habría dicho que la justicia peruana no ha logrado generar la con­fianza en la ciudadanía. Que sigue siendo una tarea pendiente. Que día a día debe lidiar con sus propias taras y limitaciones. Pero lo expresaría cuidando el tesoro más preciado de un Estado Constitucional de Derecho: la institucionalidad. También habría reconocido los evidentes esfuerzos de todas las instituciones por lograr dar un salto de calidad en los últimos años. Tenemos la seguridad de que, con su ética acerada, jamás habría preten­dido influir desde algún medio de comunicación con la elección del fiscal de la Nación o con la destitución de alguna autoridad del Sistema de Justicia. Respetaría de forma granítica la pre­sunción de inocencia y licitud.

Daniel Peredo ya no está entre nosotros. Pero sí su voz y su ejemplo. Ese paradigma de creer cuando nadie cree. Arquetipo de todo profesional: tener fe en su país y en sus instituciones.

 

Publicado en el diario Expreso el martes 5 de junio de 2018

Fuente: http://www.expreso.com.pe/opinion/guido-aguila-grados/daniel-peredo-y-la-justicia/