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CNM: INMUNE CONTRA PRESIONES E INTERFERENCIAS

18 de Octubre de 2017

APROXIMACIONES:
Hacia el 2014, el cantante portorriqueño Elmer Figueroa Arce, Chayanne, lanzaba su éxito ‘Humanos a Marte’. Al ver el proceder de algunas ONG ligadas a la justicia y el actuar de contados abogados, bien podría pedirse componer otra canción: ‘Marcianos a Tierra’. Aunque esta estaría lejos de ser una balada, el paradójico nombre sería el rótulo ideal para la lamentable situación por la que atraviesa la justicia peruana: transita por una cultura de sospecha permanente con un claro objetivo: presión e interferencia en sus decisiones más trascendentes.

Solo seres venidos del llamado Planeta Rojo estarían libres de suspicacias. En efecto, como si no fuera poco el desprestigio y resquebrajamiento de nuestras instituciones como resultado de investigaciones rigurosas, en los lamentables temas de megacorrupción, hay un empeño de los mismos de siempre por pergeñar una cultura apocalíptica para con la institucionalidad del país.
 
La justicia peruana no solo tiene que enfrentar al mayúsculo enemigo de la corrupción, sino que también debe desactivar las granadas de las medias verdades, las inexactitudes y desinformación malintencionada que se cultiva: condenan a jueces y fiscales por sus decisiones sobre temas que no coinciden con su color político; cambian el significado del verbo “cuestionar” y lo convierten en una condena perpetua; según ellos, cuando se asume un cargo público en la justicia, los familiares y el entorno profesional del funcionario debe dedicarse al ensamblaje de computadoras y la crianza de aves; y hasta enturbian la maravilla de la docencia con sus recelos. No tiene pudor.
 
No decimos que no haya grietas ni imperfecciones en el sector justicia. Hay muchas. Para eso, los magistrados, con el apoyo de nuestro factor humano y la escasez de recursos, trabajamos todos los días sin mirar el reloj. El índice de reconocimiento ciudadano al sector de la mujer de la balanza y los ojos vendados ha alcanzado niveles positivos históricos. Aun así, hay muchísimo por hacer. Pero un hacer constructivo. No la deleznable costumbre de minar el camino del desarrollo de la justicia.
 
Entonces, los que tienen marcados y visibles intereses políticos y económicos en la justicia cada vez encuentran menos espacio para ejercer su inveterada interferencia en las decisiones más sensibles. Aun así, siembran la cultura de la sospecha con la intención de cosechar incertidumbre y dudas. De esta forma proclaman que los responsables del sector justicia no tengan en su entorno profesional y familiar a abogados o gente relacionada con el Derecho. Entonces, desde Marte tendríamos que traer a magistrados y funcionarios para cumplir con sus deleznables deseos. Mientras eso no sea posible, en el Consejo Nacional de la Magistratura somos inmunes a esas presiones e interferencias que tan nocivas han sido al sistema de justicia nacional.