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LA ETERNA CARGA PROCESAL

29 de Agosto de 2017

"El principal problema de la institución no es la corrupción, sino la demora de los juicios” fueron las primeras declaraciones del presidente del Poder Judicial apenas asumió el cargo. Una verdad de cemento. En efecto, el mayor número de sanciones y denuncias que se aprecian en los magistrados sometidos a las diversas evaluaciones del Consejo Nacional de la Magistratura (CNM) es por causa de las dilaciones en los procesos. El magistrado, en su defensa, concentra todos sus argumentos en una razón contundente: la descomunal carga procesal. Hace de todo para evitarlo. Exhibe sus registros de entrada y salida que son similares a las de un obrero fabril. En otros casos, revela su labor con expedientes los fines de semana. Ni las buenas prácticas que se multiplican en todos los distritos judiciales del Perú son suficientes. Al mismo tiempo, se da un crecimiento malthusiano de la litigiosidad que se fagocita las salas y juzgados que se crean.
La inmensurable carga procesal, como todo problema relacionado con el sector Justicia, se tiene que ver de manera sistemática. Así como es una falacia grosera decir que el CNM es el responsable de la crisis de la justicia, porque es quien elige a los jueces y fiscales, también lo es el hecho de señalar que la gigantesca carga procesal es solo responsabilidad de los magistrados. Todos los actores de la obra somos responsables del drama que se muestra: ciertos abogados al presentar demandas “chatarra”; algunos magistrados que superponen actividades colaterales y viajes a su labor jurisdiccional; determinados legisladores que promulgan normas materiales y procesales de espaldas a la realidad. En este ámbito, también se peca por omisión. Así, subsiste el recurso de casación, propio del culto a la legalidad, al lado del amparo contra resoluciones judiciales, propio de la constitucionalidad. Y se suma la posibilidad de un control de convencionalidad que puede llevar un caso al nivel (y tiempo) supranacional. Las capas de control del poder no se reemplazan, se acumulan. Por otro lado, a este ritmo, la cosa juzgada deja de ser pétrea y se vuelve gelatinosa. Igualmente se suman las numerosas resoluciones de nulidad que hacen que los expedientes suban y bajen mientras las partes consumen recursos, paciencia y fe en la justicia.
La eternidad debe ser la bendición para las cosas virtuosas de la vida. Los elementos disvaliosos deben ser fugaces. Todos debemos hacer nuestro rol en escena jurisdiccional. El papel que erradique la carga procesal y haga posible una justicia oportuna."
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Publicado en la columna "Tribuna Constitucional" del diario Expreso. Martes 29 de agosto 2017.