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RESPONSABILIDAD CON EL SEMILLERO JURÍDICO

09 de Mayo de 2017

Muchos de los jueces de los próximos veinte años, aún no ingresan a la Universidad”. La frase de Ernesto Lechuga Pino, Director General de la Academia de la Magistratura, en Arequipa durante la primera sesión descentralizada del Acuerdo Nacional por la Justicia, fue tan certera como sabia. Efectivamente, los jóvenes magistrados del 2037, probablemente hoy ni se imaginan que serán jueces o fiscales. Esto enciende las alarmas sobre la formación jurídica que brindan las universidades y, como consecuencia de ello, el desarrollo de la vocación por el ejercicio de la magistratura. Así, las facultades de Derecho constituyen el terreno en que se arrojan estas semillas del Derecho peruano. En las actuales circunstancias, no puede darse la menor posibilidad de que esta tierra sea eriaza. No debe haber un solo milímetro de campo árido.
Empero, no todas las noticias son alentadoras. En pleno proceso de tránsito y acreditación de las universidades, en su sana búsqueda de brindar un servicio acorde con las exigencias actuales, aún se mantienen prácticas viciosas de la docencia en general y de la enseñanza del Derecho en particular. Y es que las normas no cambian actitudes ni cultivan virtudes. Se dan casos en que las aulas están invadidas de castradores de vocaciones. “Señores alumnos, mi nota máxima es 15. Ya que 20 es para Dios, 19 para los creadores del Derecho procesal, 18 para Carnelutti, 17 para Mario Alzamora Valdés y 16 para mí” esputa sin sonrojarse algún zopenco disfrazado de catedrático. ¿Quién autorizó a este sujeto a modificar la calificación vigesimal? ¿Dónde obtuvo licencia para mutilar el resorte emocional que da una nota obtenida con esfuerzo y sacrificio? No es sólo una perla, es un collar de deformaciones. Desde los que disminuyen puntos por tardanzas o no dejan ingresar a partir de determinada hora porque “se desconcentran” (¿estarán en sesión hipnótica?) hasta los que todo el ciclo programan exposiciones para nunca trabajar, pasando por los que exigen responder en el examen exactamente lo que ha dictado en clase.
Muchas veces, las facultades de Derecho se concentran en la infraestructura material, cuando el verdadero soporte de la formación está en la infraestructura humana: los maestros universitarios. No permitamos que esto continúe. No envenenemos al semillero jurídico nacional. Cada semilla del Derecho nacional debe crecer en una superficie feraz que asegure que en los próximos cuatro lustros y más, será un árbol frondoso que ofrecerá solera y exuberantes frutos a la justicia peruana.