Artículos

Inicio / Archivo de Artículos / LA DIVISIÓN DE PODERES

LA DIVISIÓN DE PODERES

18 de Abril de 2017

“Cuando los poderes legislativo y ejecutivo se hallan reunidos en una misma persona o corporación, entonces no hay libertad, porque es de temer que el monarca o el senado hagan leyes tiránicas para ejecutarlas del mismo modo”. Así, reza un párrafo del “Espíritu de las Leyes” (1748) de Charles Louis de Secondat, universalmente conocido por la procedencia de su título nobiliario: Montesquieu. Transcurrido más de un cuarto de milenio desde aquel hito libertario impuesto por el filósofo y jurista francés, es conveniente mirar su teoría con el mejor de los catalejos: el tiempo.
 
En efecto, en cuenta regresiva al tercer siglo de la propuesta de la división de poderes como mecanismo de garantizar la libertad de los ciudadanos, el enunciado se mantiene enhiesto a pesar de los huracanes y tempestades que ha soportado. Claro que su versión de mediados del siglo XVIII ha sufrido variantes hasta llegar al segundo lustro de la segunda década del siglo XXI. Por contrarrestar los vicios del Antiguo Régimen, la división inicialmente se enunciaba absoluta, esto es, la separación de las funciones del poder estaban representadas por gruesos e impenetrables muros.
 
Hoy, en un mundo mayormente democrático y con libertades, se mantiene el valor constitucional de la división de poderes, pero con tabiques de separación esponjosos y que permiten una suerte de ósmosis: la división se mantiene pero las funciones se comparten. Cada Poder del Estado mantiene su responsabilidad principal pero ya no es excluyente. Así, el Ejecutivo no sólo administra; también legisla (decretos legislativos, decretos de urgencia y otros); podríamos decir que también juzga, si forzamos la existencia de una “justicia administrativa” (Tribunal Fiscal, Tribunal Registral, etc.). Por su parte, el Poder Legislativo no sólo despliega su labor legisferante, también administra (hay centenares de profesionales y colaboradores que rodean a los 130 congresistas) y hasta juzga, si bien es cierto, políticamente. El Antejuicio y el Juicio Político son muestras en escaparate de lo que afirmamos. Todos hacen de todo, pero sin perder su esencia natural diagramada por Montesquieu.
 
Otra de las variantes de nuestros tiempos es la coexistencia de los Poderes del Estado con los denominados Órganos Constitucionales Autónomos: Ministerio Público, Tribunal Constitucional, Consejo Nacional de la Magistratura, Jurado Nacional de Elecciones y algunos más. Justamente el apellido materno de “autónomos” es un imperativo de abstención de los poderes políticos. Esta convivencia horizontal, distribuye las funciones constitucionales y refuerza el sueño del ilustrado francés: evitar la insana concentración del poder.
Fuente: http://www.expreso.com.pe/opinion/guido-aguila-grados/la-division-poderes-guido-aguila-grados/