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LÍMITES A LA REFORMA CONSTITUCIONAL

15 de Noviembre de 2016

Hace ya casi tres lustros una importante lideresa política, en medio de una coyuntura política muy especial, planteó la posibilidad de que nuestro país dé un giro copernicano en materia gubernamental. Proponía que el Presidente de la República sea sólo jefe de Estado y que el primer ministro sea el jefe de Gobierno. Esto es, el Presidente quedaba restringido a la representación del país en el exterior, firmas de tratados, recibir agentes diplomáticos y otros de similar naturaleza, mientras que el premier era el que tenía la responsabilidad de dirigir la política general del gobierno y el día a día político. La circunstancia pasó y la idea quedó allí.

En el escenario que se hubiera impulsado la implementación de esta propuesta, no alcanzaba con una reforma constitucional. Este tipo de virajes en la concepción de la fórmula política constitucional requiere una nueva Carta Magna, un nuevo espíritu, una nueva fórmula política. El actual diseño constitucional es marcadamente presidencialista. Ha sido voluntad del constituyente que el Presidente de la República sea a la vez, jefe de Estado, jefe de Gobierno, Jefe Supremo de las Fuerzas Armadas y jefe de la Diplomacia.

El golpe de timón hacia un presidente que coexista y comparta roles con un premier es ajeno al espíritu de la Constitución de 1993. Y a la llamada “Constitución histórica”. También al “sentimiento constitucional” del que anotaba Pablo Lucas Verdú. En otras palabras, no corresponde al diagrama ni al ADN de nuestra Constitución. Lo mismo ocurriría si se quisiera organizar el país de manera federal. El diseño es el de una República unitaria. Sería imposible jurídicamente. Lo mismo ocurre con los derechos fundamentales o el sistema democrático.

Dentro del espacio que nos ofrece el texto constitucional podemos movernos y hacer maniobras en todas las direcciones, pero sin salirnos de los límites que nos brinda el modelo.  

“(…) Todo cambio que se realice en el sistema conforme a la Constitución, no puede alterar su identidad. La adecuación de normas constitucionales sirve, más bien, para confirmar o reafirmar la mencionada identidad, en un sentido de evolución normativa y social” ha señalado el Tribunal Constitucional en la Resolución 00050-2004.

Las reformas constitucionales (al igual que las mutaciones, es decir, cambios en la interpretación de la Constitución sin alterar su texto) constituyen mecanismos de perfección y adecuación de nuestro texto fundamental. Debemos ejercerlos dentro de las posibilidades constitucionales.