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PERUANICEMOS EL DERECHO

01 de Noviembre de 2016

En nuestra reciente visita académica y funcional a la zona nororiental del país descubrimos dos cosas ajenas al Derecho, pero que bien pueden ser emuladas por nuestra profesión.
A dos cuadras de la plaza principal de Tarapoto se encuentra un acogedor café denominado “Estar Cajué”. Extraordinaria forma de vender su regionalismo. En tiempos de globalización y de denominaciones y rótulos empresariales en inglés, no sólo mantienen el español, sino que lo “samartinizan”. Una lección de regionalismo y marketing; el complejo arqueológico de Kuélap es el principal atractivo turístico de la región Amazonas. Una joya histórica que merece más atención y promoción. Lo resaltable es que fue descubierta en 1843 por el juez de Chachapoyas Juan Crisóstomo Nieto cuando fue a resolver un problema de límites en la zona. Siempre es una buena noticia encontrar un juez o fiscal ligado a la cultura del país.
El Derecho peruano debiera aprender de este tipo de situaciones. En efecto, la importación de figuras jurídicas y su aplicación sin ningún filtro ni adecuación va acumulado proyectos y legislaciones irrealizables. El desconocimiento de la realidad de la justicia en el Perú profundo hará que sigamos escuchando frases como “Lo que debemos hacer es lo que hacen en Costa Rica” o “Este problema en Corea ya lo tienen resuelto”. Otros no tienen límites: “Con tecnología solucionamos todo”, como si fuera gratuita. El mirar hacia fuera de nuestras fronteras siempre es bueno.
Sin embargo, sería mejor hacerlo cuando ya hemos agotado la mirada interna. Sólo conociendo nuestra realidad jurídica tan diversa, múltiple y compleja, podemos lograr que lo que vemos en el exterior pueda tener la cuota de posibilidad y realidad que se requiere en el país. De poco o nada servirá proponer que emulemos instituciones y prácticas que se dan en contextos que no se asemejan al nuestro ni en la forma de la retina.
Justamente, el desafío es que lo que vemos en el ámbito del sistema de justicia de otros países, lo peruanicemos. Lo adaptemos a nuestra geografía tan bella como accidentada, al siempre insuficiente presupuesto del sector justicia y a nuestra idiosincrasia tan maravillosa como particularísima. De no hacerlo, las pasantías en otros países seguirán sirviendo más a nuestros álbumes de fotos turísticas que a nuestro enriquecimiento profesional y, por ende, a la justicia de nuestro país. Lo que en el Derecho debemos tomar del turismo es su eslogan: “primero, conozcamos lo nuestro”. el 14 de noviembre.