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NECESIDAD DE UN CAMBIO DE PARADIGMA EN LA JUSTICIA

19 de Octubre de 2016

Asombro y controversia ha causado la última entrega del Premio Nobel de Literatura al norteamericano de origen judío Bob Dylan. Asombro, porque por primera vez en 115 años de historia del más importante reconocimiento mundial se entroniza en la literatura a un músico. Ya el año pasado se había entregado el laurel a la bielorrusa Svetlana Alexievich, más reconocida como periodista que como escritora.
Controversia, porque un sector de la crítica considera que hay un abanico de literatos químicamente puros que lo merecen. Entonces, no es por escasez que se escoja un músico. Más allá de las polémicas y los motivos políticos omnipresentes en los homenajes que inmortalizó el inventor de la dinamita, lo cierto es que estamos asistiendo a un cambio de paradigma en la literatura. El mensaje es que la literatura ya no es sólo los clásicos escritos en prosa y verso. Que el género literario incorpore a la música, es un giro copernicano en la concepción.
Sentimos que esto mismo debe ocurrir en el ámbito de la justicia. El paradigma de que la finalidad última del proceso es alcanzar la paz social en justicia ya alcanzó su fecha de vencimiento. Más parece un eslogan político del siglo pasado que algo que siquiera se asome en la realidad. Debemos mirar a la justicia con otro prisma. Las renovaciones y transformaciones que ocurren en todos los ámbitos (políticos, científicos, económicos, artísticos y hasta deportivos), no se advierte que se hayan dado en el ámbito jurídico.
Siempre se mira la puerta de ingreso al proceso: el aumento de la litigiosidad en sentido directamente proporcional a la población, la insuficiencia de órganos jurisdiccionales y personal para atenderlos y sus secuelas conocidas: el aumento de la carga procesal, el mantenimiento de la provisionalidad y el rostro ajado, incrédulo e insatisfecho del ciudadano con respecto a la justicia. Es una postal que se repite por generaciones. Creemos que ha llegado la hora de mirar el proceso por la puerta de salida.
Si esa paz social en justicia es tan real como la ubicación de Macondo en el mapa colombiano, entonces apuntemos a lograrla. Miremos más allá de la resolución que pone fin al proceso. Seamos sensibles ante las consecuencias de una sentencia condenatoria. Démosle un rostro humano a la justicia. Nos llegan estadísticas de casos resueltos. Nunca de historias que nos enorgullezcan. Continuaremos en la siguiente entrega.