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EL ÚLTIMO HIJO DE LA FALACIA: EL CUESTIONADO

04 de Octubre de 2016

Quienes respetan la Constitución y, con su actuar personal y profesional, prohíjan un auténtico Estado Constitucional y Democrático de Derecho, saben que más allá de la discrepancia lógica y la diferencia de conceptos, no se negocia con el respeto a los derechos fundamentales y a los valores constitucionales. Nunca.
Empero, hay quienes se ubican en la orilla opuesta y aunque gritan su apego a la democracia y a la justicia, su actuar los coloca en los antípodas. No pretenden lo mejor para “la” justicia, sino para “su” justicia. Se mueven divorciados de la lógica y apareados con la falacia. Así, en lo que va del nuevo siglo, han creado una situación jurídica antijurídica e inconstitucional: “el cuestionado”.
En efecto, no sólo el término no es reconocido en el ámbito jurídico, sino que vulnera una pluralidad de derechos fundamentales. Es un escenario penoso no sólo para el Derecho y la Democracia, sino para la lógica. Nos explicamos. Inicialmente una persona, autoridad o funcionario puede ser cuestionado por su proceder.
Esto es, se pone en cuestión (entiéndase en duda) su actuar. Muy bien, para ello existen los procedimientos administrativos, procesos judiciales o procedimientos de control político para determinar su responsabilidad. Y, si la hay, debe sancionarse drásticamente. Desde el momento en que se inicia alguno de estos mecanismos de control, surgen las categorías que definen una situación jurídica de decisión de la autoridad: investigado, inculpado, procesado, sentenciado, absuelto, detenido, amonestado, multado, suspendido, destituido, revocado, removido, interpelado y otros que obedecen al estricto ordenamiento jurídico.
Como es evidente, no sólo el término cuestionado no es jurídico, sino que es de una transitoriedad por naturaleza. Lo que se ha puesto en cuestión, se dilucida administrativa, judicial o políticamente. Sin embargo, para los creadores de esta figura, el “cuestionado” es imprescriptible. A quien lo hayan bautizado así, lo llevará hasta en el epitafio de su tumba. Es el sambenito de los inquisidores de este tiempo. Poco importa si después eres absuelto, pues entonces cuestionarán a los que decidieron de esa forma.
Lo más grave es que el estigma cae de manera arbitraria: sin leer los argumentos de una decisión emitida, sin oír al puesto en cuestión y sin reparar en la trayectoria profesional del atacado. Si no eres de ellos, te descalificarán. Siempre. No le hagamos eco a este atropello. Es el último hijo de la falacia. Evitemos que siga esa descendencia.