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OPINIONES ILÓGICAS

27 de Septiembre de 2016

A todos nos ha ocurrido que al momento de pagar un taxi, el conductor nos dice: “No tengo sencillo, jefe, recién salgo a trabajar”. Además, lo enfatiza con un tono de voz que nos hace sentir culpables de no pagar la can­tidad exacta. Es decir, en su lógica, somos los usuarios quienes debemos suministrarle mo­nedas. No es él quien debe salir a laborar pre­munido del cambio para cuando se le pague con una cantidad mayor. Una falacia que pasa inadvertida y es perdonable por provenir de un hombre sencillo y donde la lógica es suplida por la picardía urbana.

Lo que es lamentable, y no debe pasar inad­vertido, es cuando razonamientos similares se dan en líderes de opinión nacional. En efecto, a raíz de algunas propuestas de reforma cons­titucional para el sistema de justicia en las úl­timas semanas, se han producido opiniones –respetables todas- divorciadas de la lógica y, por ende, preocupantes por venir de juristas y autoridades que deben marcar el camino para que transite la opinión pública. La primera, es aquella que califica a la propuesta de reforma constitucional como… ¡inconstitucional! Justa­mente, porque no está regulada en la Constitu­ción es que se propone el cambio en su texto.

Ninguna propuesta de reforma constitucional puede ser inconstitucional. Es lógica elemen­tal. Es como si los equipos de la liga española de fútbol plantearan una reforma reglamen­taria para que cuando se enfrenten al Barce­lona o al Real Madrid, en vez de jugar con 11 se les permita jugar con 12 y así, nivelar las diferencias presupuestarias. A nadie se le va a ocurrir decir que tal propuesta es antirre­glamentaria. El cambio supone una alteración de la regulación vigente. Idéntica situación se produce cuando al pronunciarse sobre alguna propuesta de reforma constitucional se dice: ¡rechazamos tal propuesta! Hay que avisarles que el único órgano que puede hacerlo es el Congreso de la República.

La propuesta es al Legislativo, órgano com­petente de realizar reformas constituciona­les. Todos los demás pueden señalar que es adecuado o inadecuado, su acuerdo o su des­acuerdo. Pero no rechazar. Cuando se propo­ne matrimonio, la única que puede rechazar es la pretendida. No el hermano, ni la futura sue­gra. Otra vez, extrañamos a la lógica.

El tener la oportunidad de que nuestras opi­niones sean recogidas por los medios, conlle­va la responsabilidad de hacerlo con coheren­cia. Como dice la publicidad de una emisora: “Tu opinión importa”… Añadimos: pero debe ser lógica.