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ACUERDO NACIONAL POR LA JUSTICIA

20 de Septiembre de 2016

El Acuerdo Nacional por la Justicia no es una opción, ni una alternativa. Es un imperativo indispensable e impostergable. Es urgente que las instituciones que conforman el Sistema de Justicia peruano sumen puntos de coincidencia en los desafíos del sector y realicen acciones concretas de impacto social. Las lógicas diferencias debido al distinto prisma con el que se observa el diagrama del sistema deben quedar para un debate y un análisis amplio y sin mirar el reloj.

Entre todos los actores, Poder Judicial, Ministerio Público, Consejo Nacional de la Magistratura, Tribunal Constitucional, Ministerio de Justicia, Policía Nacional, Colegios de Abogados y facultades de Derecho no siempre hay relaciones pacíficas. Entre uno y otro hay revisiones jurisdiccionales y controles administrativos. Otros, se sientan frente a frente en un proceso. También hay quienes se encuentran en la cadena procesal con percepciones disímiles. En fin, son funciones propias de la naturaleza de cada institución. Lo más importante es que todos tiene un mismo objetivo: una mejor justicia para el Perú. Por ello, proponemos una lista de prioridades para los primeros acuerdos: sobrepoblación penitenciaria, capacitación en reformas, justicia restaurativa, reformas de normas sustantivas (ejemplo, el Código Penal) y la unión de esfuerzos contra la violencia de género y los integrantes de la familia y la lucha contra la corrupción. También se puede compartir los denominadores comunes del accionar de la justicia: tecnología y capacitación.

No debemos dejar pasar la oportunidad. Las instituciones del mundo jurídico deben estar a la altura del desafío que nos exige el país. La insatisfacción de la ciudadanía para con la justicia es lo más parecido a la desazón de aquel pueblo del lejano oriente que tuvo la desgracia que creciera inexplicablemente una montaña en medio de él, lo que evitaba que llegaran los rayos solares y, con ello, que crecieran las plantas y vivieran los animales. En consecuencia, era un pueblo desolado y condenado a la desaparición. Sin embargo, un buen día, todos los pobladores atónitos contemplaban sorprendidos cómo uno de los jóvenes ascendía a la montaña premunido de palas y picos. Extrañados le preguntaron: “¿Qué haces?”. Rápidamente respondió: “Voy a tumbar esta montaña que tanto daño hace a nuestro pueblo”. “Pero, no te va alcanzar la vida. ¡Se necesitan siglos!”, le replicaron. A lo que el joven sentenció: “Sí, pero alguien debe de comenzar”. Comencemos. Es la hora de la justicia peruana.