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LAS BUENAS PRÁCTICAS EN LA MAGISTRATURA

09 de Agosto de 2016

Los abogados en mayor medida y los justiciables en ocasiones, hemos sufrido de manera directa o hemos sido testigos de un magistrado déspota, autoritario o indiferente. También de la falta de atención a nuestros argumentos en una audiencia. Duele, y mucho. Las partes podemos entender una resolución en contra. Es parte del proceso. Para ello, existen los medios impugnatorios o las garantías constitucionales contra resoluciones. Lo que difícilmente se asimila, son las malas formas. Y es que, más allá del resultado del juicio, lo que se busca en un servicio (y la justicia lo es con sus diferentes actores y momentos) es ser tratado con atención y respeto.

Felizmente, esta forma de proceder de jueces y fiscales es excepcionalísima. Un gentío de magistrados tiene un proceder acorde con su investidura y la naturaleza de su función. Trato humano, paciente y comprensivo. Profesionales que entienden el drama que se esconde tras cada expediente. La expectativa moral, económica o familiar que se tiene en cada escrito presentado o en cada audiencia celebrada. Insisto, esto es lo mayoritario. Lo que ocurre es que se difunde la indignación y repudio por las formas indeseadas y, como casi siempre, se generalizan.

Y las buenas noticias continúan en la magistratura. De un tiempo a esta parte se multiplican las denominadas buenas prácticas en la magistratura. Sea con la imaginación para la gestión por la falta de presupuesto y cumplir con el deber profesional, sea con el concretar las reglas de Brasilia o sea con iniciativas particulares que dan color y nitidez a una labor casi siempre opaca y borrosa.

Así, encontramos que una fiscalía de familia de nuestra sierra norte por iniciativa, sensibilidad y compromiso ha gestionado la construcción de dos albergues para los menores infractores; un juez penal del altiplano ha dictado la primera sentencia en aymara dado que las partes hablaban esa lengua oficial; al pie del Misti se ha decidido dar una atención preferencial a los expedientes de personas de la tercera edad. Una carátula roja advierte a magistrados y auxiliares la premura y urgencia de los mismos. En múltiples cortes de justicia se realizan jornadas sabatinas y en numerosas fiscalías se trabaja de manera directa con la población en un acercamiento y docencia. Y siguen firmas.

Esto debemos difundirlo, multiplicarlo y valorarlo. Nuestra población, en general, y nuestros hijos, en particular, necesitan buenas noticias. Necesitan fortalecer su fe en nuestra justicia y nuestro país.