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REFORMA DEL SISTEMA DE JUSTICIA: CONDICIONES

02 de Agosto de 2016

Es casi unánime la opinión acerca de la urgencia de una reforma del Sistema de Justicia. Cae por fuerza de gravedad la necesidad de realizar modificaciones constitucionales y legales que diagramen un nuevo esquema de la justicia en el país. El existente ya cumplió su ciclo. Se agotó. Empero, es útil para que, sobre la base de la experiencia, sirva de punto de partida para que se realicen los ajustes necesarios, traslados de competencias y control de poderes. Para ello, es necesario no caer en prácticas conocidas y fracasadas. Si es así, existe el riesgo de ver nuevamente Ben Hur en Semana Santa: la película repetida tantas veces.

Por ello, creemos que se requieren tres condiciones para una verdadera reforma de la justicia en el país. 1) Se debe realizar una reforma CON las instituciones del sistema y no CONTRA las mismas; nadie mejor que el Consejo Nacional de la Magistratura, el Poder Judicial, el Ministerio Público, el Tribunal Constitucional, el Ministerio de Justicia y la Policía Nacional para identificar los nudos a desatar en una eventual reforma. Siempre se ha partido de la desinformación, las medias verdades y el juicio pilático de las instituciones de justicia.

Ha sido politizado un tema técnico. Se ha teñido de un conocido color primario lo que debe ser incoloro políticamente; 2) Debe existir una auténtica AUTOCRÍTICA de parte de los diferentes órganos del engranaje justicia. En efecto, si seguimos con la letanía de que todo es culpa de la falta de economía y que no tenemos la responsabilidad de nada, no nos moveremos del mismo sitio. Todos los involucrados debemos entender que la esencia de un Estado Constitucional de Derecho es el control del poder. Se pervierte la reforma cuando las instituciones piden más poder y menos control.

Traicionan el noble propósito reformista. Esta actitud de reconocer nuestros propios errores, legitima y justifica que la reforma de justicia sea desde adentro; 3) Debe ser una reforma de TODO EL SISTEMA, nunca parcial. Que se entienda: no basta con adecuar un rodaje, debe sincronizarse todo el engranaje. Sería un error grosero querer mantener el statu quo para los nuestros y que se altere lo que no nos alcanza.

Estas condiciones son no negociables. El incumplimiento, aún parcial de una de ellas, nos condenaría a otra película repetida: el timón del barco en manos de marineros de azotea y con intereses subalternos.