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LO “DEBIDO” EN EL DERECHO

24 de Mayo de 2016

Guido Aguila Grados

 

El adjetivo “debido” es de muy frecuente uso en el Derecho en general y en el Derecho procesal en particular. Así, “debido proceso” es usado en forma reiterada por abogados y jueces. Los primeros para señalar que ha sido abiertamente violado –con lo que adelantan su argumento de impugnación- y por los segundos para subrayar que ha sido escrupulosamente observado y, de esta forma, defender su decisión. En ambos sentidos, es importante porque se trata de un derecho fundamental cardinal. Un calco de lo descrito ocurre con “debida motivación”. Es común escuchar de manera conjunta la mención de ambos derechos expresamente reconocidos en la Constitución. Un uso erróneo que se multiplica de forma incesante hasta parecer cierto. Nos explicamos. Cuando se hace uso del calificativo debido obedece a que hay una contrapartida, lo indebido. Si adjetivo un sustantivo con superior es porque necesariamente hay un inferior. Es elemental. No ocurre esto con el proceso. No hay un indebido proceso de manera natural, sino muy excepcional. El proceso por naturaleza es una garantía y, como tal, debe ser regular, esto es, debido. Adjetivar al proceso como debido, es tautológico. Si no es debido, será cualquier cosa menos proceso. Figura repetida tenemos con la motivación. La aparición de la motivación de las sentencias obedeció a la necesidad de eliminar la discrecionalidad y arbitrariedad de los jueces al resolver. Es intrínseco que la motivación de las resoluciones sea correcta, debida. Entonces, la debida motivación de las decisiones resulta ser, en rigor, un pleonasmo. A estas alturas, cae por gravedad la pregunta: Si es tan claro el razonamiento lingüístico ¿por qué el reiterado uso del adjetivo “debido” en el Derecho?  Por lamentable necesidad, respondemos. Se ha erosionado la confianza de la ciudadanía en la motivación de las sentencias en particular y en el proceso en general que, para recuperar su brillo y crédito, debemos agregarle el término “debido”. Como cuando sabemos que nuestra palabra no genera suficiente confianza y entonces juramos para reforzar ese vacío de credibilidad. Lo indebido, lamentablemente en el ámbito jurídico, ya no es advertido como excepcional, sino como algo común. Aunque sin intención, con el uso del adjetivo “debido” desnudamos la existencia de una indebida motivación y un indebido proceso. Este desgaste de confianza que se inicia en el ámbito judicial, se extiende al administrativo, corporativo, parlamentario y hasta arbitral. Detengámoslo. Hagamos lo debido.