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LAS REFORMAS PROCESALES

16 de Febrero de 2016

Guido Aguila Grados

 

La palabra “reforma”  es probablemente la más repetida por el mundo jurídico. La escuchamos desde el amanecer en la vida universitaria y se prolonga a lo largo de toda nuestro desarrollo profesional. Es un término siempre asociado a la eliminación de las taras y lastres que azotan a la juridicidad nacional y que se arrastra por añares. Más allá de ámbitos como la conciliación, el arbitraje o el derecho penal, en lo que va del siglo XXI, han sido las reformas procesales las que han concitado mayor atención en el espacio jurídico. Y fuera de él. Todos somos susceptibles de estar involucrados en un proceso (juicio para la mayoría) de manera directa o indirecta. Por ello, el diámetro de su alcance es superior al de otras reformas. Respecto de este fenómeno, sentimos que los resultados, una vez más, no han sido los esperados.  Al menos hasta ahora.

En el primer lustro de este milenio fue la reforma procesal penal la que compro todos los boletos. No era un cambio de código más. Era un viraje de 180° en cuanto a la concepción del debate procesal. Era el tránsito de un  modelo vertical e inquisitivo al de otro horizontal y adversarial. Era relevar la escritura por la oralidad. Era mudar el carácter de un juez castigador por el de uno garantista. Además, significaba montarse en la ola reformista que vivía el mundo jurídico.  Un detalle no menor: se daba en el procesalismo penal, tan sensible y  trascendente por las restricciones de derechos que conlleva (como la más importante de las libertades: la personal).

Más tarde se sumó la reforma procesal laboral. De una naturaleza diferente, es cierto, pero con una atención importante también dada su relación con nuestro medio de vida: el trabajo. Cada una con sus propias características, las reformas procesales exigen condiciones comunes: a) tecnología, infraestructura física y competencia humana, todas con un denominador común indispensable: un presupuesto suficiente en un área que, históricamente, no lo ha tenido como la judicial ; b) Una reforma paralela de la legislación relacionada. Ejemplo: las leyes orgánicas respectivas. Lamentablemente los cambios legislativos siguen diferentes espacios y tiempos; c) En lo procesal se requiere indispensablemente un cambio notable en la gestión. Aún es ostensible la orfandad en este aspecto. Cuando se agreguen estos sumandos tendremos las condiciones ideales de presión y temperatura para una óptima reforma procesal.