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APRENDIENDO DE TODOS

18 de Octubre de 2014

En la parte inferior de la página A14 del diario “El Comercio”, de fecha sábado 24 de agosto del presente año, puede leerse un comunicado que fue firmado de manera conjunta por los decanos del Colegio Químico Farmacéutico del Perú y del Colegio Químico Farmacéutico de Lima. El pronunciamiento estaba  dirigido a la comunidad farmacéutica, a la Asamblea Nacional de Rectores, al Consejo Nacional de Decanos de los Colegios Profesionales del Perú, al Congreso de la República, a la Asociación Peruana de Facultades y Escuelas de Farmacia y Bioquímica y a la opinión pública. En dicho comunicado, las agremiaciones de farmacéuticos muestran su preocupación por dos hechos fundamentales:

  1. La existencia en el mercado educativo de una universidad privada en Lima que ofrece la formación profesional en la especialidad con una duración de tres años y meses con todo lo que esto conlleva: reducción de créditos, menos asignaturas por semestre, incorporación de horas prácticas no calificadas, fusión de cursos buscando reducir horas, entre otras desviaciones.
  2. La titulación de químicos farmacéuticos por universidades privadas de Lima y Huancayo que convalidan cursos de carrera como Bioquímica, Fisioterapia, Farmacología, Farmacognosia, Toxicología, etc., a partir de los seguidos en un instituto superior que forma técnicos en farmacia.

En suma, muestran su preocupación por las consecuencias de esta doble irresponsabilidad: la deficiente formación en las competencias profesionales y el peligro a la salud que esto puede ocasionar. Por último, hacen saber que están modificando su reglamento para evitar colegiar químicos farmacéuticos con serias deficiencias formativas.

¡Hermosa lección de ética profesional! Debemos aprenderla todos y recordarla siempre. Muchas veces la naturaleza de nuestra hermosa profesión, la abogacía, nos coloca en una situación de autosuficiencia respecto a otras disciplinas. Sobre todo, si no pertenecen a las ciencias sociales. Esta actitud tan firme como acertada debe ser un espejo para todas las profesiones, pero en especial para nosotros, los abogados.

La postura que demuestran los farmacéuticos se encuentra en las antípodas de la informalidad educativa en el Derecho.  La perversión de la formación jurídica aumenta cada día de manera alarmante e indetenible. La oferta de la formación de abogados en menos tiempo y el mercado de modalidades light de obtener el título de abogado parece no importarle a nadie.

Equivocadamente se piensa que esta mediocridad en la formación abogadil se regula sola con la ley del mercado. “Los bultos se acomodan en el camino”, sostiene sueltos de huesos los llamados a detener este despropósito. Falso. El desprestigio por sus debilidades profesionales y prácticas temerarias nos salpican a todos. El abogado en el Perú, lamentablemente, no tiene la confianza de la ciudadanía. No tiene la aureola de otras profesiones.

A diferencia de la amenaza que sufre la profesión farmacológica, la desviación no es solo en Lima y Huancayo, es a nivel nacional. Y es una fuerza centrífuga (facultades de Derecho de Lima con filiales en el interior del país) y centrípeta (Facultades de Derecho del interior del país con filiales en Lima). Es un ataque de mediocridad por aire, mar y tierra.

Y esto no es lo más grave. Más nociva  resulta aún la inacción de quienes deben velar por los intereses de los abogados y garantizar que la población reciba un servicio legal de calidad. Por el contrario, el más importante gremio forense del país ha firmado un convenio con una de estas universidades para brindar maestrías en solo ¡año y medio! Se equivocaron de ruta. En vez de convertirse en la fuerza catalizadora de tanta mediocridad en la que los guarismos económicos se imponen a la calidad, lo alientan y apoyan. Cada vez son menos los abogados que confían en su colegio profesional. Y con estas medidas, terminan por contaminar a los cada vez menos profesionales que aún confían en su gremio.

Es hora que los principales representantes de la abogacía se dejen de mirar el ombligo y aprendan de otros representantes, como los farmacéuticos. Es hora que respondan a los intereses de quienes los elegimos. Y cese su obstinación por los cargos en la política grande.